lunes, 11 de mayo de 2026

Battalla de Dibuixants en la Diada del comic en Catalá

 El pasado 18 de abril volví a Mataró para participar en la Diada del Còmic en Català. Y digo “volver” porque hay eventos que, cuando repites unos cuantos años, dejan de sentirse como una cita puntual y pasan a formar parte de una especie de calendario paralelo: ese donde el tiempo se mide en ferias, firmas, mesas plegables y rotuladores gastados.

Esta vez me tocó dinamizar la Batalla de Dibuixants en la plaza Santa Anna de Mataró. Una actividad que, sobre el papel, parece fácil de explicar: gente dibujando en directo mientras el público ríe, comenta y observa cómo los participantes intentan resolver propuestas imposibles bajo presión. Pero cuando estás encima del escenario te das cuenta de que la gracia real no es el dibujo en sí, sino todo lo que ocurre alrededor.

Porque una batalla de dibujantes es un pequeño experimento social. Tienes autores intentando mantener la dignidad mientras deben dibujar conceptos absurdos. Tienes público escogiendo ideas y complicaciones. Tienes ese segundo exacto en el que alguien mira el folio en blanco y comprende que acaba de meterse en un problema. Y también tienes una energía muy concreta, muy de plaza, muy de fiesta popular mezclada con Underground: gente que pasa, se detiene, se ríe y acaba quedándose más rato del que pensaba.

La jornada estaba organizada por el programa de radio Els Bufacanyes y por Plataforma per la Llengua, que siguen apostando para que el cómic en catalán tenga presencia pública, escenario y espacios donde encontrarse cara a cara con la gente. Y eso, tal y como están las cosas, no es poca cosa.

Hubo un momento màgico que siempre me hace gracia en este tipo de actividades: los peques que “solo venían a mirar” acabaron subidos partcicpando en el escenario y robándose el Show. Cuelgo pocas fotos por que ya sabeis que menores y imagenes en redes no es buena combinación.



Personalmente, me lo pasé muy bien. Conducir actividades así siempre tiene un punto de riesgo porque nunca sabes hacia dónde derivará el caos, pero precisamente por eso me encanta. Cuando funciona, se crea esa sensación de conexión improvisada.

Y sí, acabé cansado y con la voz tocada.
Señal de que la cosa salió bien.

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